martes, 17 de junio de 2014

Dándole en la boca a las dificultades, crónica del día en que nos plantamos en un Campeonato de España


Me pongo a escribir sabiendo de antemano que esta entrada no estará a la altura de lo que hemos vivido este fin de semana. Cuando hace unos meses planificamos ir a Bañolas (Gerona) al Campeonato de España de Aguas Abiertas nunca habríamos esperado las dificultades que vendrían después. Pero allí hemos estado, haciendo casi 1.100 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en coche para cumplir un sueño que en mi caso ha culminado con un satisfactorio cuarto puesto en mi categoría master. Muchos podrán pensar que es la peor posición posible, la de la medalla de chocolate, pero por sensaciones, experiencia y compañía me siento ganador.

La nadadora junior de Aquaslava, Lydia Gómez, hizo mínima para el nacional de Aguas Abiertas hace unos meses. Eso nos decidió a Emilio Ruiz y a mí plantearnos montar una expedición junto a la familia de Lydia y participar también en el campeonato master, nunca antes habíamos estado en un campeonato de España de natación, tampoco había estado nunca en una de estas citas el club. En mi caso, la preparación en los primeros meses del año fue regular por el trabajo, pero por el mes de abril y viendo que se acercaba la gran cita, empecé a intensificar entrenamientos intentando seguir una metódica preparación. Pero precisamente cuando empezaba a encontrar el ritmo de trabajo en el agua llegó el Viernes Santo fatídico. El Centro Deportivo Aquaslava sufrió un incendio que ha hecho que las instalaciones hayan estado cerradas durante estos meses y estén aún cerradas, incluida la piscina. Era el adiós a la posibilidad de entrenar a cualquier hora, fines de semana y festivos, algo fundamental para mí teniendo en cuenta mis horarios laborales. Sin mucho ánimo, había que buscar otra instalación. Y es verdad que en la piscina municipal de Antequera el personal me ha acogido de lujo, pero es complicado adaptarse a una hora en calles de nado libre, intentando encajar el entrenamiento entre horas de trabajo, buscando a veces otras alternativas como la piscina de Campillos o bajar a Málaga a la playa. Así, iban saliendo entrenamientos con volúmenes menores, que aunque no me hacían sentir mal en series cortas, en tandas largas la cosa iba a peor. Además, todo mezclado con el trabajo, exámenes de inglés, algún evento literario... por momentos pensé en desistir. Emilio por su lado volvió a Granada y hasta última hora no tuvo claro sin vendría o no. Mientras tanto, Lydia también se tuvo que adaptar a entrenar una hora diaria, con volúmenes de 3.000 metros o menos cuando su prueba sería de 7.500 metros en Bañolas. Para colmo, una semana antes habíamos nadado el Campeonato de Andalucía con malas sensaciones. 

Pero llegó el viernes 13 de junio. A las 8 de la mañana partíamos de Antequera, a las 9.15 recogíamos a Emilio en Granada y nos vimos de camino a Bañolas los tres nadadores junto a los padres y el hermano de Lydia (Juanmi, Lydia y David) en un monovolumen cargado a tope. 


Tras 13 horas de trayecto incluyendo paradas llegamos a una casa que habíamos alquilado en Cornella del Terri, a unos 6 kilómetros del lago, a tiempo para ver la derrota de España en el Mundial de Brasil. Ante el mal juego de la roja optamos por dejar de ver el fútbol y darnos un chapuzón en la piscina de la casa.


El día de la competición master era el sábado. Madrugamos y a las 8 estábamos en el lago para tener una primera toma de contacto con el circuito. Hice con Lydia el circuito de los absolutos de 2.500 metros disfrutando mucho de las cristalinas aguas, la buena temperatura y la belleza del paisaje, 100% recomendable. 


Después de aquello nos marcharíamos a hacer la compra, preparar el almuerzo, comer pronto porque a las 16.30 horas era nuestra salida y a las 15.00 estaríamos nuevamente en el lago. Pero al llegar tuvimos sorpresa, una intensa tormenta empezó a descargar, mucha lluvia sin saber si se suspendería la prueba y cuando pararía de caer agua. 


Tras momentos de incertidumbre porque hicimos muchos kilómetros para nadar allí, dejó de llover y empezó el marcaje, la reunión técnica y Emilio y yo nos vimos en la cámara de salida de nuestro primer Campeonato de España de Natación. Mi dorsal era el 154. Estábamos mezclados junto al campeonato de Cataluña Master con cuatro salidas programadas, nosotros en la primera para las categorías más jóvenes con unos 50 nadadores masculinos. 

Nos lanzamos al agua, la salida se realizaría desde dentro para nadar un circuito de 3.000 metros delimitado por 7 boyas rodeando el lago. Me coloqué intentado reconocer a los nadadores que lucharían por medalla en mi categoría y de forma rápida se dio la salida. Perdí a los nadadores a los que quería seguir, me quedé a pies de dos nadadores con bañador largo, pero me costaba seguirlos y además ellos desviaron su rumbo y yo al levantar la cabeza me vi desviado muchos metros a la derecha, apartado de la línea recta hasta la primera boya y nadando solo, temía mucho que se diese aquella situación y me desmoralicé. Pasé unos instantes malos tan sólo unos 200 metros después de haber tomado la salida y fue cuando empecé a acordarme de todas las personas que han confiado en mi y me dije: "Javi, estás aquí, en un Campeonato de España, siempre lo has deseado, has luchado mucho por verte nadando esto, vas a ponerte a dar brazadas y a sacar esto adelante como sea". Y así fue. Empecé a poner el ritmo al que había entrenado, a ir corrigiendo el rumbo hasta la primera boya poco a poco, divisando que unos 20 metros por delante tenía a dos nadadores y me puse como objetivo alcanzarlos. Detesto nadar en solitario, me cuesta mucho coger el ritmo como me sucedió en Sevilla, pero intenté darlo todo y llegando a la segunda boya, a los 800 metros, alcancé a los dos nadadores que llevaba delante. Vi que su ritmo era más lento que el que yo podía llevar, empecé a tirar, uno de ellos me siguió a pies y el otro se quedó. Estábamos en el tramo más largo, 1.000 metros entre una boya y otra y mediado el trayecto vi que me sería muy complicado alcanzar a otros dos nadadores que iban por delante, unos 20 o 30 metros. Por detrás además llegaba otro nadador a un buen ritmo, así que lo esperé e hicimos un trio, me puse en paralelo y así llegamos a la boya de los 1.800. El nadador que llevaba el gorro amarillo y que era el que había llegado de atrás empezó a tirar muy fuerte, yo me puse a pies y el otro se quedó. Por momentos iba muy cómodo, pero cuando intenté darle el relevo me fue imposible, llevaba mejor ritmo que el mío. Cuando pasamos las boyas de la zona de avituallamiento, ya en los últimos 600 metros empezó a tirar muy fuerte, por momentos me costó seguirlo, de hecho empezamos a acercarnos a tres nadadores que llevaba delante. A duras penas me mantuve a sus pies, la distancia con los de delante se estrechaba y al final llegamos muy cerca a apenas 5 segundos. Esprinté con él, pero me ganó el chaval del gorro amarillo llegando en el mismo segundo. No obstante, tanto él como los dos de delante eran del Campeonato de Cataluña, alegrándome al ver que los nadadores a los que estuvimos persiguiendo eran los hombres del bañador largo tras los que hice los primeros metros, por lo que concluí que al final mi carrera no estuvo tan mal, de hecho después he visto que tienen mejores marcas que yo en piscina. Tras nosotros no venía nadie, el resto de nadadores empezaron a llegar pasado el minuto y Emilio entró unos dos minutos después.


Una vez fuera del agua, conversando con José Joaquín Corona, otro andaluz del San Juan, que había llegado un poco antes que yo, concluimos en lo bonito que había sido el circuito y el buen nado que tenía el lago. Además, por el cronómetro del Juanmi, el padre de Lydia, todo indicaba que el tiempo que había hecho había sido bueno, bastante mejor que en Sevilla. Y así fue, 43 minutos 38 segundos, más de 3 minutos menos que en Sevilla, aunque supongo que el andaluz pudo salir con algunos metros más, cuarto de España categoría máster 30 ganándole a algunos nadadores con mejores marcas que yo y eso sí, alejado en 2 minutos de la medalla de bronce, pero satisfecho, quizás en otras circunstancias... Emilio además fue séptimo en master 35.

Con muy buenas sensaciones nos marchamos a dormir esa noche y a la mañana siguiente, vuelta a madrugar para ver la carrera de Lydia. Sí, era muy complicado incluso terminar los 7,5 kilómetros con los volúmenes bajísimos de entrenamiento, pero estaba allí para aprender. Y de eso sirvió. Tras la segunda vuelta la vimos mal, empezaba a descolgarse, pero sacó casta y orgullo y terminó muy dignamente, decimotercer puesto junior femenino de España ¡olé! 


Tras la última tarde noche en Cornella del Terri y visita a Gerona, el lunes a primera hora nos despedimos de Cataluña, volvimos a llenar el coche hasta arriba y tras más de doce horas estábamos de nuevo en Antequera con una experiencia inolvidable que contar y una gran aventura a nuestras espaldas pudiendo decir: "Los Aquaslava estaremos sin piscina, pero nos hemos hecho notar en un Campeonato de España".

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